Tengo un Chac Mool, pero uno sonriente y pequeño. Lindo, como para rezarle u ofrecerle algún sacrificio. Tengo también buenas noticias. Las mejores posibles, considerando todas las otras opciones. Y no tiene que ver una cosa con la otra. Pero estoy sonriendo como mi Chac Mool. La noticia es mejor que esa trufa de chocolate que me comí anoche en un restaurante argentino, luego de que había jurado no comer ni un bocado más, porque estaba a reventar. Y el mar de Cancún aquí hace su labor de mar, ajeno a cualquier preocupación de uno. Los turistas hacen su labor de ofrecer sus pieles al sol y sacarle provecho al all-inclusive. Es tranquilizante la forma en la que uno puede metaforizar las cosas solamente mirando al mar. Yo miro desde acá, desde mi balcón. La vida, la muerte, el miedo, la sensación de estar a salvo. Sé que al final se trata de sobrevivir cada día, digo mientras me como una galleta gigante que encontré en mi backpack. Antes de que se haga mala. Quiero leer antigregariamente en algún lado. Cerrar los ojos y seguir apreciando la buena noticia. Pero sin permitirme el autoperdón tan fácil. Tampoco.
Quedaron muffins, galletas, duquesas y gelatinas. El olor a cigarro. Muchas botellas de cerveza vacías. Una de mezcal. Etiquetas rotas. Un poco de pollo en el refri. Muchas tortillas. Polvitos de esa noche. Las huellas de mi perra mendigando comida. Recuerdos y ganas que no salen ni limpiando la mesa. El agradecimiento tan infinito. Me imagino a mí misma a través de los ojos de los que estuvieron en mi casa esa noche. ¿Cómo me ven? ¿Qué cosas ven en mí? ¿Por qué de todas las personas, yo?
Veo una foto mía de hace unos 11 o 12 años. Me gustaría haber sido entonces la que soy ahora. Aunque el amor siempre lo he tenido, la Liliana esta puede apreciarlo más. Desde luego entiendo la lógica de las cosas. Me pasa como cuando veo las fotos mías de niña. Entiendo al ver mi mirada muchas de las cosas que pasaban entonces. Cómo se nota en la mirada la vida de la gente. Y me recuerdo así, y tengo la idea de que esa soy yo, pero al tiempo no lo soy.
Un café derramado por mi torpeza. Una estrellita en el cabello de mi hija. El pretexto de jugar. Un bisquet a medio mordisquear. ¿Qué cosa es la cochinita pibil? Recibo por engargo un Magoncito. Un tronco liso en la playa. Arena en la comisura de mi pantalón. Una naranjita. Un partido de futbol. El alumbrado público. La niña pajarito.
Tengo libros nuevos de mis amigos. Tengo libro de mi autora favorita, prestado, esperándome. Termino la lectura de la novela de una escritora judía que me ha parecido genial. Inicio lectura de los ensayos de otra judía y me bastan unos párrafos para saber que me interesa mucho saber lo que dice. Tengo algunas opciones. Tengo que escribir. Tengo todo lo que quiero.
Jerusalem surrounded. Jesuralem saved. Está el clima como la canción de “Manual para héroes o canallas”. A veces el clima es como una canción, y hoy es esa. Nada de lo que escribo hoy tiene coherencia. Entró norte, siempre puedo alegar eso. Ando norteada. Soy feliz, no merezco nada de esto. También puedo alegar eso. Agradezco, agradezco tanto a quien lo merece. A veces me da tanto miedo ser una mala compañía. O una canalla. Pero hoy estoy así.
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- I may not have gone where I intended to go, but I think I have ended up where I needed to be. (Douglas Adams)
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Los poemas que salen acá, si son buenos, nunca son escritos por mí.

“…sincronizar este reloj,
ser un manojo de nervios,
quedarse con estos zapatos rotos
y llenos de la nada…”
(JBT)
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Me gusta
que me visiten los perros de agua
preparles café, ate de membrillo con queso y sacar las almendras y los mazapanes
que me regalen sus libros recién editados, con dedicatoria y todo
platicar con ellos de los aconteceres del mundillo literario local
pensar que alguien se traga un palillo, pero no muere, y puedo reírme sin más
que sean amigos de mi hija, que por cierto casi no nos deja hablar
que Marco cargue en brazos a mi Tuza y a mi Mei
que me dejen pasarme de bromista y de tueste
Me gusta también
escribir mails cortitos, pasarlos a la otra cancha, como pelota de pingpong, y encontrar un partner con la misma disposición de raqueta
que mi celular haga ruido de campanitas
beber vino tinto directo de la botella junto a alguien que quiero mucho
que mis series favoritas son mejores cuando estoy acompañada
pensar en armar un rompecabezas, aunque todavía no pueda hacerlo
correr cuando está nublado y pensar en lo que me gusta pensar, sin que nadie me interrumpa
que me manden fotos
que me regalen aretitos lindos
los dulces que mi mamá me trae cuando me visita
que mi hija venga y me dé un besito chiquititito en la mejilla
que me escriba cartas
pensar en los días por venir.
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Leo las novelas que yo quisiera escribir y me temo que, a este paso, no escribiré jamás. Entró norte y hace frío y viento, y yo persisto en prescindir de suéter o chamarra. No quiero, no quiero darle el brazo a torcer a este invierno. Dolor de cabeza necio. Atracón de galletas y leche. Buenas noticias, indecisiones, pedir consejo. Esperar. Mucha soledad. Dr. Pepper. Escribo pero borro, escribo pero pienso y vuelvo a borrar. Las mejores ideas vienen en la ducha y jamás logran llegar a la pantalla de mi mac. Mi celular que está más silencioso que de costumbre. El viento que ulula por todos los lados ululables de mi casa. A luchar contra el tráfico escolar, la sicosis de los padres de familia. Las ganas de dormir. No sé por qué el corazón es el órgano del amor. En mí son los pulmones, que el aire se me va al extrañar. La ausencia se siente parecido a mi difultad para respirar cuando tenía neumonía. Hace un año, justo. Me muevo en cámara lenta. Cuento las horas, cuento los días. Me pongo un poco infantil, pero al rato debo meterme en el disfraz de madre que sabe lo que hace, cuando en realidad no estoy mucho mejor en cuestión de saber de la vida que la Tuza y el Wookie. Si pudiera pedir una cosa, no pediría que mis uñas y las de mis críos dejaran de crecer con tanta rapidez. Más bien pediría… eso. Eso otro.
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Quiero agradecer a Maja Zawierzienec por haber traducido mi texto “La señorita de Avón” y haber logrado su publicación en Bluszcz, una revista literaria de Polonia. Maja es tan linda que me ha mandado (mientras llega la revista en el correo) unas fotos de mi texto. Adivino la palabra Avón y mi nombre allá arriba. Es una sensación extraña. Pero buena, muy buena. Gracias Maja, otra vez.


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Transcript hecho por una servidora, que adolece un poco del oído. Yo preferiría tomarme un café con él que con cualquier político local. Me gustan sus inflexiones de voz. Su don de liderazgo (como si fuera un ex-a-Tec). Su playera marinera estilo popeye con moñito femenino. Su cabello rubio. Las cejas depiladas. Su perseverancia. Todos los recursos que guarda en su busto incipiente. La firmeza de su mirada. Sus conocimientos históricos, sus contactos políticos. Porque a veces suena como un personaje de Rulfo. Va. Entre corchetes, anotaciones mías.
…. mira mi sombrero, mira mi playera cuánto cuesta, comparada con la ropa que traen ustedes [sic] no cuesta nada, y no es ofensa, pidan pidan pidan legitimidad para su gobierno. No tienen nada, nomás una ropa … pinche. Pidan algo bueno, unas botas buenas, algo bueno. Pídanle a Eugenio [el gobernador del Estado de Tamaulipas, también conocido como "Geño"]. A Eugenio. ¡Dáselos Eugenio! Yo lo conozco. Estuve ayer en su rancho. ¡Diles Eugenio, diles!
La policía de Ciudad Madero, Tamaulipas. Diecisiete, dieciocho de marzo. ¿Sabes que en 1935 [sic] se hizo la expropiación petrolera a nombre de mi tío abuelo? ¿Sabes quién fue? Y tú lo sabes … el general … Lázaro … Cárdenas. A eso vengo, al cumpleaños de esta nación. Pero no. No se va a poder.
… Ponte el sombrero … ¿Quién es el mayor de ustedes, el máximo de ustedes? Hijo, ¿quién es? ¿Eres tú? Trailo [sic] al máximo, trailo al máximo. Trae al máximo. El tuyo. Trae al máximo tuyo. Estás grabando. Trae al máximo tuyo. Y yo estoy aquí y lo están grabando. Tráeme al máximo de ustedes. Creo que si tiene él conciencia de lo que estoy diciendo. Yo vengo a dejar mi dinero en la playa. No vengo a dejarlo con narcotraficantes porque no soy ¡drogadicto! … o sea, a chile pelón.
Háblale, al máximo tuyo … si me vas a dejar salir, no me dejes salir cabrón, porque yo soy bien fea de modos, y le estás grabando, no me dejes salir, no salgo. No me dejes salir. No me dejes salir. Para ti [sic] mátame aquí y ahora. Y no me dejes salir.
Tengo VIH … Ya ensucié tu patrulla con VIH. ¿Quieres más VIH en tu patrulla? Lo vas a tener. slurrp … aah aaah … arggh arrggh … grrr grrr grrr … arrggh argggh agrrg …
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¿O depende más bien de la marca y el precio del brillante producto? ¿Sómos como cuervos, atraídos por aquello que refleja la luz? ¿O cómo pavorreales, moviendo plumas con la vana ilusión de que sirve para algo? ¿Qué onda con todos estos símiles ornitológicos? Bueno, cambiemos de animal y sigamos con las preguntas retóricas. ¿Por qué los políticos, los narcos y público en general tienden al lujo, como las ardillas a la nuez? ¿De qué tamaño es el cerebro de las ardillas? La Blum discurre brevemente sobre el lujo y las personas que lo valen. Click here, sweety: el lujo
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…en que todo está bien, en que todo está en su sitio exacto. Hay días en que unos minutos con la persona indicada voltean la tortilla, varias veces, 180º. Eso, un par de palabras. Hay días en que el viento frío del norte se recibe con gusto. Con ganas de tomar café. Y es que el clima se adapta a uno, y no al revés. Hay días en que la paciencia es la mejor prueba de amor. Hay días en que la tristeza del día anterior parece ridícula y uno se pregunta si será una tendencia bipolar. O un golpe de estado fallido de las malditas hormonas, que no logró prosperar. Hay días en que, como se dice en inglés, one counts his/her blessings. En que uno se da cuenta de la vida tan afortunada que se tiene, sólo porque se tiene junto (o un poco a distancia, pero siempre con uno) a personas maravillosas. Hay día en que miro a mi hija disfrazada de bruja y a mi hijo de Darth Vader y los veo tan contentos, que no me dan ganas de criticar a la escuela por su manera ecléctica de unir día de muertos con halloween. Es más, hasta me parece bien. Hay días en que uno tiene la oportunidad de tomarse un café con su madre. Hay días en que saber que uno puede darle felicidad a otro es todo lo que hace falta para estar feliz uno. Hay días en que todo parece andar muy bien.
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