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Dori, la de Buscando a Nemo

Un pez azul es lo más curado.

¿¿¿Pez dorado???

Mejor me hubieras regalado una rata.

Doña Paciencia

Alien vs. Predator

En la carrera leí Doña Bárbara, de Gallegos y Doña Perfecta, de Galdós. Pues bien, yo quisiera ser Doña Paciencia. Doña Dalaaaaaaai. Doña Pasiflora. Doña Tafilita. Quisiera ser la señora Rey David, ¿o cuál era el rey sabio? Poder decidir cosas, ordenar, arreglar, delegar, todo, sin perder la paciencia. Sin saltarme ni un latido, ni hacer un gesto, ni hacerme malaleche por un segundo. Ser la mamá más justa, la más consistente, la que reacciona de tal y cual forma ante cual y tal estímulo, siempre prudente, siempre dentro de lo esperado. También quisiera tener el cabello negro y lacio, los ojos verdes, y nariz respingona. Ser siempre sonrisas, como mi prima Elo, hablar muchos idiomas, incluido el hebreo, correr un maratón con la mano en la cintura, y estar publicada en Tusquets o Anagrama. Y otra cosita, innombrable, claro.

Tuza y Chewie

El punto es que no parece que vaya a tener ninguna de estas cosas. Pero siempre que pierdo la paciencia con mis hijos, y me enojo, y me altero, termino por sentirme fatal después. Me odio un poco, de ser así tan fisiológica, o tan primitiva, sólo reaccionando. Quisiera tener control de todas mis emociones. Y con eso, a veces me suelto a llorar de alegría o de tristeza, o se me planta una sonrisa estúpida con sólo pensar. En fin, que sólo quería decir acá que amo a ese par de gremlins con todo mi corazón. Que hay veces que quiero huir de ellos y meterme en un clóset, que hay veces que añoro una soledad absoluta. Pero son veces. No soy Doña Perfecta ni doña Paciencia.

Querido Chac-Mool: ya estuvo suave. Un, dos, tres por mí y por todos mis compañeros. Ya. Chido, pues, pero ya. Mi pobre gorda lleva días sin poder salir a pasear. La ropa no se seca. Los accidentes en la calle por alcance están en oferta. Los charcos, el lodo, el frío en los huesos. Mi jardín está alegre, pero entiendo que muchos cultivos se pierden. Ya, Chac-Moolito. Que Carlos Fuentes te invite un café, anda, y te aplacas. ¿Shhhhi?

Modelo 74

Lili patidifusa de unos seis meses, con el suyo carnal.

Y llegó al fin este día. Oficialmente dejé de ser “joven creadora”. Debo decir que este año estuve recordada y felicitada como nunca. Empecé con una felicitación de otra latitud que me dejó una sonrisa toda la noche. Al despertarme otra. Luego mi progenitora al teléfono, justo cuando llevaba mi carro al servicio. Y así así los cientos de mensajitos en el muro de facebook, las llamadas de las amigas, emails, los mensajitos del cel, en fin, toda la tecnología puesta aquí al servicio de felicitar a una servilleta. En la noche una llamada que me dejó un poco mal, aunque el propósito era felicitarme también. No voy a hacerme malaleche por eso, pero no deja de sorprenderme lo frágil que puede ser un estado de ánimo.

Pues he dejado la celebración para el fin de semana. Espero que para entonces deje de llover. Al menos no tendré la escuela y las tareas de estos retoños que son los míos. No he querido deprimirme por esto de la edad. Ahora con el Facebook me he puesto en contacto con gente del kinder, la primaria, la secundaria, la prepa y la carrera. (Yo viví en muchas partes, así que eso significa mucha gente). Con mis alumnos. Y bueno, me gusta ver que la gente que fue conmigo a la escuela nació en mi mismo año, o muy cerca. Para una estupidez, parece lo obvio, pero es una especie de confort. Y yo me siento igual que siempre. No, no es verdad. Creo que soy más feliz que nunca. Pero al mismo tiempo caigo desde más arriba, cuando me resbalo con la tristeza. O con mis fantasmas, con mis arañas, con sus telas que no se ven por lo oscuro de acá dentro.

Allá arriba una foto de mi hermano y yo, en casa de los abuelos. Perdón por el flashazo. No tengo escáner, es foto de foto, con el mío cel. Y así las cosas. Cumplí un año más y el mundo siguió como si nada. Como debe de ser. Sigo amando, sigo extrañando, sigo luchando por acá. Y quejándome, que es mi trademark. Gracias a todos los que se acordaron este día de mí.

¿Mi deseo imposible? Bueno, tengo varios. Pero éste puedo decirlo: un vochito convertible modelo 74. Blanco está muy bien.

Mis CINCO libros por Liliana V. Blum

Editorial Jus ha pedido a sus autores que realicen una lista de los cinco libros que han marcado su vida y por qué. En las siguientes semanas estaremos ofreciéndoles sus recomendaciones. Esperamos que las disfruten y dejen sus comentarios. (dar click arriba)

Liliana, feliz cumpleaños de parte de todo el equipo de Jus.

Es el de la Blum, traducido por Toshiya Kamei.

Acá en la biblioteca de la universidad de Ohio tienen a nuestro libro como novedad. Para ver qué lindo que se ve, dar click aquí merito:

Idan Rachel’s Project, un grupo etíope-israelí. Quién supiera hebreo. Suena bello, me gusta.

Im Telech, mi yechabek oti kacha
Mi yishma oti besof hayom
Mi yenachem veyargia, rak ata yodea.

Ve’Im telech, lemi achake bachalon,
besimla shel chag sheyagia,
yechabek oti cacha, cmo she’ata magia

Kshe’telech la’shemesh
etze basade hamuzhav,
boker ve’erev
Yare’ach yair et panai,
she’cholmot col hayom rak alecha.

Kshe’tavoh, tisa oti bishtei yadeicha,
misadeh lanahar tirchotz et panai
vetagid li milim cmo sherak ata yodea.

En este día se recuerda el día en que el Ejército Rojo liberó el campo de concentración llamado Auschwitz. Más de un millón de personas fueron asesinadas en ese lugar antes de que las tropas soviéticas llegaran el 27  de enero, de 1945.  No hay que olvidar; no hay que permitir que suceda otra vez.

He conocido a dos sobrevivientes. Los dos llenos de alegría de vivir. Uno de ellos, Boris Latnik, un hombre profundamente enamorado. Me regaló una copia de su autobiografía y de sus poemas (en español y hebreo) para su mujer. Aquí uno, sólo por poner:

Amor (por Boris Latnik)

Cuando hay amor, no existe la muerte.

Cuando hay amor, no hay desesperación.

Cuando hay amor, sólo hay felicidad en la vida.

Cuando hay amor, la alegría está por doquier.

Cuando hay amor, se vencen todos los males.

Únicamente…

Siempre he dicho que no creo en la medicina alternativa, que el día en que una gonorrea se cure con chochos comenzaré a ponderarlo. Y sin embargo, esta navidad, cuando estuve realmente mal de una complicada infección en la garganta que dio al traste con mi sistema inmulógico y le abrió la puerta al virus de la gripa y algunos hongos panaderos y granujas, llegué a sentirme morir. En ese estado de debilidad y vulnerabilidad, con tés de manzanilla con miel y limón que me traía mi mamá (siempre que me enfermo, la llamo, a mi mamá, es decir, digo su nombre y me tapo con una cobija), accedí a tomar medicina homeopática. La cosa es que ya no son unos granulitos de azúcar con alcohol y la sustancia en cuestión. Ahora se trata de unas gotitas casi sin sabor. Poco a poco comencé a curarme. No sé si fueron el paso de los días, los tés, el tabcín antigripal, la penicilina, el miconazol, todo junto, o nada de lo anterior. Hoy que me ha vuelto la gripa, tengo aquí los tres frasquitos. Causticum. Allium Cepa. Eupatorium Perfoliatum. Trillizos fantásticos, vengan a mí. Espero sentirme mejor.

Ayer fui a correr al aeropuerto, estaba nublado, pero no pude seguir corriendo porque comencé a estornudar mucho. Caminé todo el regreso, sorbiendo mocos con mi pequeña toalla para el sudor. Las iguanas no se aparecieron. Dice mi amigo porque no había sol. Nos hemos vuelto estudiosos de la relación iguana-sol. Que dizque estaban en su casa, con su iguana, tomándose un té de perejil.  En la noche me tomé un par de pildoritas del Tabcín Verde, el nocturno, que comenzaron a cuasi alucinarme mientras me duchaba. Estaba mareada y sintiéndome flotar un poco. Fui a dormir a mi nena a su cama, y creo que perdí la conciencia allí. Cuando me desperté tenía la pierna de mi hija sobre la cara y a mi perra descansando su carita sobre mi panza. Me he levantado todavía bajo la influencia de ese poderoso Tabcín. Me asusta. Estoy mareada. Creo que tomaré mejor estas gotitas homeopáticas. Gracias mamá.

Mientras yo comía avena aquí en la oficina, leyendo las últimas noticias sobre Salvador Cabañas, alguien desayunaba rico, con los pies metidos en el mar. Y me pregunto si las ausencias se miden por días y por semanas, o por metros y kilómetros.  ¿La intensidad del extrañamiento depende de la distancia o del tiempo entre una despedida y un encuentro? Mis pies están en esta oficina. Tengo unos tenis de quitapón, así que ahora mismo tengo los pies descalzos. Yo también tengo pies de hobbit. Una taza vacía de café a mi derecha, mi celular, las llaves de mi carro, un plátano, y las gotas homeopáticas a mi izquierda. Mi cabeza se siente extraña, volátil. Los pendientes que tengo, están aquí adentro, pero también apuntados en alguna libretita. He perdido un par de fechas límite y me siento fracasada. Pero tengo la vista en otras cosas. En todo y nada. Espero atinar a batear algunas bolas aunque sea. Extraño esos chochitos azucarados y alcoholizados. Extraño también esa medicina para la tos (la prohibieron por un tiempo y luego le cambiaron la fórumula, típico) que se llamaba Eucaliptine. Era verde, deliciosa, y con derivados del opio, me parece. Creo que de niña me encanta enfermerme de la garganta.  ¿Qué ha pasado con esas drogas de la infancia? Caramba.

Happy drugs

Iguanizaciones

El Dorado era más o menos así

Ayer fue un buen día. Salí a correr, pero esa corrida se convirtió en caminada mayoritariamente, por los rayos del sol. El cielo azul parejo, ni una sola nube. Pero igual quemé unas 500 calorías y me sentí muy bien. Me encontré con la iguana de siempre, la que no se inmuta con nada. Es negra, mediana (unos 40cms y cola negra). Su cola tiene piquitos como los de Bowser. La primera vez que la ví pensé que estaba así por el frío. Después del solazo de ayer, creo que ese es su color natural (así como el mío es el color yogurt). Entonces la he bautizado la “Prieta”. A Prieta le gusta salirse del aeropuerto y estar en la banqueta. Es desafiante y me sigue con su ojito. Seguí caminando, vi a los tránsitos agazapados con el radar para poner multas a los que van más de 60kph. Vi unos convoys de soldados, vi gente ir y venir del aeropuerto. De pronto tras la mallarcorla la vi. Era también una iguana, pero era de color dorado, o más bien, del color de pasto seco. Pero era realmente grande, tanto como mi perra beagle. Tenía unos cuernitos larguísimos, como de triceratops, no sé, una cosa impresionante. Una gran papada, una cola larguísima, negra con dorado, como tigre. Unas garras terroríficas. Y también me vio pasar y no movió ni una escamita. A esa iguana, que dice mi amigo Marco debe de ser un macho, por el tamaño y las otras cosas, le llamé el “Dorado”. Y a propósito de iguanas y de mi amigo, él adoptó una iguana silvestre y la tiene en su casa. Su pobre iguana (a la que yo he llamado “Pobre cabrona sin suerte”) estuvo medio moribunda. Al final resultó que era debido a que llevaba mucho tiempo sin ver la luz del sol porque MHA pensaba que un foco bastante carito, podía sustituir al sol. Astro rey. Curiosamente, cuando PoCaSiSu salió al sol, se mejoró milagrosamente. Ojalá que alguna vez llegue a ser como el Dorado. Aaaah, una noche con puras verdades como esa. Reptiliana.

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