Leo las novelas que yo quisiera escribir y me temo que, a este paso, no escribiré jamás. Entró norte y hace frío y viento, y yo persisto en prescindir de suéter o chamarra. No quiero, no quiero darle el brazo a torcer a este invierno. Dolor de cabeza necio. Atracón de galletas y leche. Buenas noticias, indecisiones, pedir consejo. Esperar. Mucha soledad. Dr. Pepper. Escribo pero borro, escribo pero pienso y vuelvo a borrar. Las mejores ideas vienen en la ducha y jamás logran llegar a la pantalla de mi mac. Mi celular que está más silencioso que de costumbre. El viento que ulula por todos los lados ululables de mi casa. A luchar contra el tráfico escolar, la sicosis de los padres de familia. Las ganas de dormir. No sé por qué el corazón es el órgano del amor. En mí son los pulmones, que el aire se me va al extrañar. La ausencia se siente parecido a mi difultad para respirar cuando tenía neumonía. Hace un año, justo. Me muevo en cámara lenta. Cuento las horas, cuento los días. Me pongo un poco infantil, pero al rato debo meterme en el disfraz de madre que sabe lo que hace, cuando en realidad no estoy mucho mejor en cuestión de saber de la vida que la Tuza y el Wookie. Si pudiera pedir una cosa, no pediría que mis uñas y las de mis críos dejaran de crecer con tanta rapidez. Más bien pediría… eso. Eso otro.
Quiero agradecer a Maja Zawierzienec por haber traducido mi texto “La señorita de Avón” y haber logrado su publicación en Bluszcz, una revista literaria de Polonia. Maja es tan linda que me ha mandado (mientras llega la revista en el correo) unas fotos de mi texto. Adivino la palabra Avón y mi nombre allá arriba. Es una sensación extraña. Pero buena, muy buena. Gracias Maja, otra vez.
Transcript hecho por una servidora, que adolece un poco del oído. Yo preferiría tomarme un café con él que con cualquier político local. Me gustan sus inflexiones de voz. Su don de liderazgo (como si fuera un ex-a-Tec). Su playera marinera estilo popeye con moñito femenino. Su cabello rubio. Las cejas depiladas. Su perseverancia. Todos los recursos que guarda en su busto incipiente. La firmeza de su mirada. Sus conocimientos históricos, sus contactos políticos. Porque a veces suena como un personaje de Rulfo. Va. Entre corchetes, anotaciones mías.
…. mira mi sombrero, mira mi playera cuánto cuesta, comparada con la ropa que traen ustedes [sic] no cuesta nada, y no es ofensa, pidan pidan pidan legitimidad para su gobierno. No tienen nada, nomás una ropa … pinche. Pidan algo bueno, unas botas buenas, algo bueno. Pídanle a Eugenio [el gobernador del Estado de Tamaulipas, también conocido como "Geño"]. A Eugenio. ¡Dáselos Eugenio! Yo lo conozco. Estuve ayer en su rancho. ¡Diles Eugenio, diles!
La policía de Ciudad Madero, Tamaulipas. Diecisiete, dieciocho de marzo. ¿Sabes que en 1935 [sic] se hizo la expropiación petrolera a nombre de mi tío abuelo? ¿Sabes quién fue? Y tú lo sabes … el general … Lázaro … Cárdenas. A eso vengo, al cumpleaños de esta nación. Pero no. No se va a poder.
… Ponte el sombrero … ¿Quién es el mayor de ustedes, el máximo de ustedes? Hijo, ¿quién es? ¿Eres tú? Trailo [sic] al máximo, trailo al máximo. Trae al máximo. El tuyo. Trae al máximo tuyo. Estás grabando. Trae al máximo tuyo. Y yo estoy aquí y lo están grabando. Tráeme al máximo de ustedes. Creo que si tiene él conciencia de lo que estoy diciendo. Yo vengo a dejar mi dinero en la playa. No vengo a dejarlo con narcotraficantes porque no soy ¡drogadicto! … o sea, a chile pelón.
Háblale, al máximo tuyo … si me vas a dejar salir, no me dejes salir cabrón, porque yo soy bien fea de modos, y le estás grabando, no me dejes salir, no salgo. No me dejes salir. No me dejes salir. Para ti [sic] mátame aquí y ahora. Y no me dejes salir.
Tengo VIH … Ya ensucié tu patrulla con VIH. ¿Quieres más VIH en tu patrulla? Lo vas a tener. slurrp … aah aaah … arggh arrggh … grrr grrr grrr … arrggh argggh agrrg …
¿O depende más bien de la marca y el precio del brillante producto? ¿Sómos como cuervos, atraídos por aquello que refleja la luz? ¿O cómo pavorreales, moviendo plumas con la vana ilusión de que sirve para algo? ¿Qué onda con todos estos símiles ornitológicos? Bueno, cambiemos de animal y sigamos con las preguntas retóricas. ¿Por qué los políticos, los narcos y público en general tienden al lujo, como las ardillas a la nuez? ¿De qué tamaño es el cerebro de las ardillas? La Blum discurre brevemente sobre el lujo y las personas que lo valen. Click here, sweety: el lujo
…en que todo está bien, en que todo está en su sitio exacto. Hay días en que unos minutos con la persona indicada voltean la tortilla, varias veces, 180º. Eso, un par de palabras. Hay días en que el viento frío del norte se recibe con gusto. Con ganas de tomar café. Y es que el clima se adapta a uno, y no al revés. Hay días en que la paciencia es la mejor prueba de amor. Hay días en que la tristeza del día anterior parece ridícula y uno se pregunta si será una tendencia bipolar. O un golpe de estado fallido de las malditas hormonas, que no logró prosperar. Hay días en que, como se dice en inglés, one counts his/her blessings. En que uno se da cuenta de la vida tan afortunada que se tiene, sólo porque se tiene junto (o un poco a distancia, pero siempre con uno) a personas maravillosas. Hay día en que miro a mi hija disfrazada de bruja y a mi hijo de Darth Vader y los veo tan contentos, que no me dan ganas de criticar a la escuela por su manera ecléctica de unir día de muertos con halloween. Es más, hasta me parece bien. Hay días en que uno tiene la oportunidad de tomarse un café con su madre. Hay días en que saber que uno puede darle felicidad a otro es todo lo que hace falta para estar feliz uno. Hay días en que todo parece andar muy bien.
Hay días que pintan mal desde el principio, desde el momento de abrir los ojos. Después, cada pequeña cosa durante los siguientes minutos y horas se vuelve un piedra en el zapato. Obstáculos, tropiezos existenciales. Como que alguien entre al baño justo cuando más le urge a uno. Innumerables interrupciones. Parloteos incesantes. Cosas que le corresponden a alguien más y que uno tiene que hacer al final de cuentas, porque están mal hechas. Un banquetazo. Un sanwich que sabe extraño. Gente con la que uno quisiera hablar y está evidentemente invisible para uno. Empezar algo y no poder concluirlo porque falta un papel, porque hay que ir a tal lado, por X o Y. El tener que darse la vuelta otra vez. La sensación de que alguien acecha para quitarte lo que tienes. La sombra de la codicia ajena. Los olvidos, los olvidos que te hacen repetir. La imposibilidad de escribir las líneas que uno quiere escribir. Ese libro tan ideal en la mente que no termina de pasar a la pantalla. El sentirse olvidada por otros. El no saber, el no saber. El ser amonestada por enojarse uno. Un derecho arrancado por ser mujer, supongo. Un día que empieza y estar deseando que ya hubiera terminado. Un malestar que no tiene una razón clara, una llaga sobre la cual no se puede poner ningún dedo. Hay días en que no se me da enderezar la espalda cuando estoy frente a la computadora. En que no quisiera ser yo ni hacer lo que hago ni estar aquí. Hay días así. En que todo apesta. Joder.
A Marjane Satrapi la educaron para la libertad. Ante eso, ni el amor a la patria más honesto. Una película sobre la imposibilidad de vivir bajo otro tirano fanático fundamentalista. Una reseña sobre “Persépolis” para La Razón. Dar click aquí.
…que después de un año de haber llegado a la nueva casa, hay ciertas cajas que no se han vaciado y que parece que permanecerán así. Pertenecen a esa categoría de cosas que ya no tienen acomodo en el nuevo lugar, pero de alguna manera no termina uno por tirarlas. Los tiliches, es la palabra genérica. Y luego está la decidia, la mía. La oportunidad de hacer cualquier otra cosa con el tiempo libre. Que a menos que una mano masculina y resuelta me ayude, mis cuadros no tocarán las paredes. Y eso no es por atenida, es por debilucha. Yo crecí en casas de ladrillo, pero ya no es igual; el concreto y los clavos y el martillo, no se llevan bien. Necesito de un poderoso taladro. Habrá también que aceptar que no soy ni seré una de esas mujeres que “hacen de sus casas un reflejo de sí mismas y del amor que le tienen a sus familias”. No hago manualidades, mucho menos las de moda, no cambio de lugar los muebles, no pienso en los miles de detalles coquetos para las paredes ni tengo buena mano para las plantas. Los únicos que proliferan son mis cactus y eso a pesar de mí.
…que a pesar de los ruegos de mi hija, no decoraré jamás la casa con motivos de ninguna fecha: ni Halloween, ni día de muertos, ni Navidad. Pasar por las calles es un desfile, casi. La decoración se vuelve una competencia fiera entre madres de familia, una carrera al abismo, y la cercanía de la frontera con EU y las importaciones, hace que desde las clases más bajas hasta las más altas, inviertan su lana en estos monos de tela que se inflan con una bombita que permanece encendida toda la noche, junto con las luces, por supuesto. “Yo tengo mi casa más decorada que Fulanita”, supongo que será el orgasmito mental. Cuando mis hijos pasan admirados ante una casa hiper-decorada y me la señalan (reprochándome, claro) yo no puedo dejar de hacer cálculos matemáticos basada en los precios de las cosas que veo en las tiendas. Hay casas, lo juro, que tiene hasta cinco de esos monos inflables. Y yo: wow, ellos tienen unos 15,000 pesos de adornos en su jardín. Calabaza, frankestein, bruja, calavera, tumba. O bien, en un mes: santaclós, mono de nieve, trineo, reno, pinito. Y le digo a mis hijos: si de lo que se trata es de que se vea bonito y ellos ya gastaron, pues miremos gratis al pasar por esas casas. Y estas fechas sólo sirven para que la gente compre cosas, no significa nada, les digo. Sus vidas son tan tristes que comprar y decorar les da felicidad, sigo mientras miro sus caritas desiluisionadas (pero ya acostumbradas) a tenerme por madre. Ellos ya lo aceptaron.
…que siempre seré una paliducha, que no tengo melanina en mi piel, y eso más bien estaría bien que lo aceptara la gente que se la pasa repitiéndome que me debería de broncear un poco, que estoy más blanca que… (y aquí se inserta la palabra de su gusto, pocas veces creativa, por cierto). Habrá también que aceptar que mi cabello jamás podrá ser lacio, que las coladeras siempre me odiarán, que se me cae tanto cabello que no hay suficiente drano. Y sin embargo, las ligas para mis coletas aguantan poco y con frecuencia se rompen entre mis dedos. Los hilitos blancos que llevan años ya escondiéndose entre la mata roja, esos habrá también que aceptarlos.
…que soy medio bipolar. Que paso de la felicidad absoluta a un estado medio cuestionable de apachurramiento. Que extrañar me pone mal, casi tan mal como no dormir. Que pido cosas de otras personas que me parecen “correctas”, pero que en realidad no quiero, que en realidad me duelen. Que tengo poca capacidad de adelantar mis pensamientos, para bien o para mal, no soy buena para predecir la consecuencia de mis acciones y me voy por lo visceral. Podría ser más considerada, lo intento. Que me distraigo con cualquier cosa, sea la mosca, el youtube, mi hambre, o un pensamiento que me da vueltas por dentro. Que soy responsable a morir, pero incapaz de concentrarme. Que también soy re-sentida. Jarrito de barro de tlacotlapan. Ay Lili. Que si una servidora no se entiende a sí misma, menos el resto del mundo.
Aquí un video de León Polar. La letra me gusta, y el video me divierte por bizarrito. La cuca bailadora me parece genial. Además, creo que conozco a alguien que tiene unos piyamas exactos a los suyos. Por supuesto, es mucho más lindo que Polar.