Viaje a Israel – parte 3 SDEROT

19 Ene
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Rotonda en Sderot, con un “shofar”.

Sderot es una pequeña ciudad al sur de Israel. Se fundó como un campo de tránsito para judíos kurdos y persas emigrantes que huyeron de países musulmanes. Años después llegó una gran ola migrante de Marruecos, así como de Kurdistán y Rumania. Finalmente, en los noventas, Sderot absorbió a muchos emigrantes (unos 200,000) de la Unión de Repúblicas Soviéticas que venían huyendo de la crisis económica rusa, de la Perestroika y el glasnot de Gorbachev, y del antesemitismo explícito, que amenazaba convertirse en nuevos pogroms.

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Viviendas de rusos, en Sderot.

Sderot no tiene la belleza o la majestuosidad de Jerusalén, ni la cosmpolitez (valga la palabra) de Tel Aviv, ni el encanto maravilloso de Haifa y su puerto, ni el cuidado floral y la limpieza de Ashkelon. Hay un aire si no de pobreza, sí de desgalichamiento, de años malcuidados, de inquilinos que no invertirán en la casa rentada por no ser propia. Un aire de no pertenecer, o de estar de paso. Cuando uno camina por Sderot, es como estar en otra parte. O en muchas partes a la vez. Las rusas ancianas, con la cabeza cubierta, los cuerpos robustos, vestidos largos de campesinas, cargando sus mandados en bolsas. Las rusas jóvenes, en licras, minifaldas, chamarras de piel sintética, blusas de imitación leopardo. Los marroquíes vestidos a su usanza, algunos con túnicas. Las tiendas son también reflejo de quienes viven allí: mercerías, tiendas de chácharas, de cosas chinas, loterías, panaderías, carnicerías donde hay peces vivos para matar al momento, tiendas con ropas anacrónicas. 

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Uno de los muchísimos refugios en Sderot.

Pero lo que más llama la atención de Sderot son sus numerosos refugios antimisiles. La ciudad está a más o menos un kilómetro de Gaza. Sderot es famoso en las noticias porque es allí donde caen la mayoría de los misiles Qassam disparados desde Gaza. En todas las paradas de autobuses, en los parques, en los centros comerciales, en las esquinas, cada treinta o cuarenta metros, hay refugios. Las nuevas viviendas son construidas con cuartos-refugio; las viejas viviendas tienen adicionado un refugio. La idea es que cuando se escucha una sirena de alerta, “código rojo”, la gente tiene unos 20 segundos para encontrar un refugio antes de que caigan los misiles. 

Cuando yo fui, afortunadamente, no tuve que correr a ningún refugio a esconderme. Comí humus en un lugar muy peculiar: un humus delicioso, además de falafel, y café turco al terminar. Buenísimo. También fui a la cineteca a ver Frankenweenie, en inglés, subtitulada al hebreo. Otro día fui a Sapir College a acompañar a mi amiga a dar su clase de español. Sderot.

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